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Un aniversario o cumpleaños no es otra cosa que la manifestación del presente con toda su fuerza y esplendor, el fugaz punto de encuentro del pasado con el futuro desde donde se alcanza a mirar al uno y al otro, antes de ser arrastrados hacia el porvenir. Ese instante sin tiempo se alimenta con la celebración, ritual de recuerdos propiciatorios que cosecha huellas destinadas a abrir sendas y caminos sin explorar. Bajo este espíritu festivo que oscila a través del tiempo,Mexicana celebra sus primeros cuatro años de vida, enciende velas sin intención de apagarlas y, desde lo alto de unos puntos suspensivos, ilumina las siluetas de lo que fue y el perfil de lo que será.

Al igual que los niños, los proyectos culturales se gestan envueltos en la paradoja de ser y no ser al mismo tiempo, su nacimiento es en sí es una promesa cumplida, pero han de abrirse camino con esfuerzo propio para dejar de ser una promesa incumplida, contradicción creativa que da lugar a una dialéctica ante las expectativas de los padres y los anhelos de los hijos.

Mexicana es un proyecto estratégico de la Dirección General de Tecnologías de la Información y Comunicaciones (DGTIC), de la Secretaría de Cultura y nace bajo el techo de la Agenda Digital de Cultura que dicha Secretaría publicó en el 2018, un instrumento normativo que articula esfuerzos en el uso y la explotación de tecnologías digitales, y promueve la creación, investigación, difusión y preservación de las expresiones culturales de nuestro país. Así,Mexicana vio la luz con la misión de preservar las profundas raíces culturales de México que se expanden en el interior de la tierra, implementando herramientas que potencien su integración a una red que se extiende hacia el exterior del mundo.

Los primeros pasos son siempre ligeros y discurren confiados, avanzan impulsados lo mismo por la voluntad que se sabe capaz de llegar a la meta, que por la miopía que cree vislumbrar el destino a tiro de piedra. Con este ánimo y para cumplir sus objetivos, en octubre de 2018 se presentó la plataforma de Mexicana, un repositorio digital de acceso abierto para los acervos digitales de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, con colecciones procedentes de museos, bibliotecas, archivos, fototecas, centros de documentación, fonotecas, así como unidades administrativas y órganos desconcentrados. Se trató de un logro muy importante en el desarrollo del proyecto que, tras una exitosa cosecha de acervos y datos, confundió por momentos la meta con el punto de partida.Mexicana no tardó en descubrir que la tarea de un repositorio no se limita a reunir bienes digitales para su consulta, y en sus oídos resonaron los ecos sapienciales del científico de la computación y de la información, Clifford A. Lynch, quien concibe al repositorio institucional más que como una plataforma, como un conjunto de servicios que una institución ofrece a su comunidad para la distribución de materiales o contenidos digitales que han sido creados o que son resguardados por la propia institución. Más que adoptar una tecnología, lo que anima a un repositorio es el compromiso organizativo para gestionar, preservar y difundir los materiales, priorizando las mejores condiciones para su acceso.

Las palabras de Lynch, aunadas a las fuerzas en constante movimiento de la cultura y la tecnología, hicieron patente la necesidad de impulsar relaciones dinámicas con las instituciones que resguardan el patrimonio y que producen y proveen de datos que facilitan su conocimiento, así como diseñar una red de vías interconectadas y de doble sentido para gestionar los bienes resguardados. El plan era tan claro y apasionante como arduo de realizar, había que deconstruir la idea de un centro neurálgico único e impulsar la noción de un sistema periférico con nodos potentes e interconectados capaces de generar relaciones y construir una comunidad. Pese a la necesidad y voluntad para realizar estos cambios, las inercias verticales que primaban en la operación de la plataforma limitaban su implementación. Se hizo evidente, entonces, que Mexicana requería un golpe de timón que lograra ajustar el rumbo sin perder los territorios conquistados.

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En el 2020, ante el asombro general, apareció un rótulo clausurando el planeta hasta nuevo aviso, las alarmas sonaron y la excepción se vistió de normalidad. En medio de la angustia y la incertidumbre, el acceso a los bienes culturales en línea significó una bocanada de libertad sana y esperanzadora y, ante la imposibilidad de salir de casa, su demanda –ya apremiante- se incrementó significativamente. Esta precipitación acelerada hacia el universo digital confirmó a Mexicana que la plataforma no bastaba para brindar los servicios que requerían las instituciones culturales, y apretó el paso en el diseño de una estrategia de gestión descentralizada de acervos, tarea que a la sazón se encontraba desarrollando. En ella se planteó que, después de un diagnóstico y el acompañamiento por el camino de la normalización de la información por parte de Mexicana, las instituciones culturales tendrían un repositorio propio de código abierto, lo que implicaba que ellas mismas podrían administrar y gestionar sus acervos en la red, de acuerdo a sus tiempos, necesidades y capacidades. Hacer realidad este sueño requería un software libre, pero no era fácil dar con él. En el horizonte aparecían más nubes que claridad y, por más que oteara en el ciberespacio, Mexicana no alcanzaba a distinguir esa tierra prometida abierta a la libertad.

Quizá sea una virtud de aquellos que pugnan por accesos libres y abiertos contar con mentes libres y abiertas. La generosidad y el entusiasmo que suman esfuerzos en un proyecto sin que medien intereses inciertos es una rara condición, pero más extraño aún es el encadenamiento de personas e instituciones que obran de esta guisa. A Mexicana le sonrió la fortuna cuando sus pasos se reencontraron con dos antiguos guías y compañeros de viaje, el Dr. Pedro Ángeles Jiménez y el Dr. Claudio Molina Salinas, investigadores del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, e impulsores del uso de ontologías y vocabularios controlados en la documentación de colecciones. Ante el potencial de la nueva estrategia de Mexicana ellos se entusiasmaron y sugirieron redireccionar la brújula rumbo al sur para dirigirse hacia Tainacan , un software libre que permite administrar y publicar colecciones digitales fácilmente, con todas las herramientas de un repositorio profesional, desarrollado por un equipo brasileño partiendo de necesidades y condiciones análogas a las de México. A medida que Mexicana exploraba Tainacan descubría con júbilo que no sólo resultaba tecnológicamente adecuado para el proyecto, sino que además existía una convergencia y empatía con sus propios principios éticos, tendentes a democratizar el acceso a las tecnologías de la información en contextos en los que esta es más una aspiración que una realidad cotidiana.

Tainacan es un proyecto desarrollado en el Laboratorio de Inteligencia en Red de la Universidad de Brasilia, con el apoyo de la Universidad Federal de Goiás, el Instituto Brasileño de Información en Ciencia y Tecnología y el Instituto Brasileño de Museos. Ahí Mexicana trabó conocimiento y amistad con Dalton Lopes Martins, líder del proyecto, y con Luciana Conrado Martins, coordinadora de investigación, quienes contribuyeron para introducir este software en México. A partir de ese momento la relación de trabajo no ha cesado, y la munificencia de Tainacan hacia Mexicana es tan puntual como invaluable.

Distantes pero conectados, con todos los avíos y el instrumental presto, se echó a andar la estrategia de gestión descentralizada de acervos a través de un proyecto piloto en el que Mexicana trabajó con algunos museos y centros de documentación. El trazado de una ruta de trabajo a través de la aplicación de un cuestionario de diagnóstico de madurez tecnológica, la normalización de información con estándares de buenas prácticas internacionales, así como la implementación de repositorios digitales en la plataforma Tainacan, no tardaron en poner de manifiesto la importante labor de registro y catalogación que las instituciones culturales han realizado por décadas, así como la necesidad de homologar sus criterios y hacer visibles estos esfuerzos.

Jornada tras jornada, florecieron los avances rumbo a la integración de los acervos de la Secretaría de Cultura en una red de repositorios, y se hizo tangible la posibilidad de la gestión de la información al interior de las instituciones que la resguardan. Como resultado de la estrategia de gestión descentralizada de acervos se presentaron los repositorios del Museo Nacional de Culturas Populares, el Museo Nacional de la Estampa así como el del Centro de la Imagen. Mexicana supo en ese momento que el minucioso trabajo de diálogo constante e ideas emergentes no podía valorarse en términos cuantitativos, sino por la calidad de una red flexible capaz de crecer constantemente gracias a la apropiación tecnológica de los proveedores de datos, así como el enraizamiento de una cultura de la documentación mediante el uso de las tecnologías de la información.

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Junto a los significativos logros institucionales, el proceso colaborativo y horizontal con los proveedores de datos reveló a Mexicana su vocación de servicio. Encontró la grata oportunidad de fungir como puente y guía de saberes muy profundos, cuyos custodios detentaban con dignidad, conocimiento y orgullo, y comprendió que cada institución cultural posee una esencia propia que hay que hacer compatible con las demás, y nunca cortarlas con la tiranía de un patrón rígido que mutile siglos de expresión y creatividad.

En medio del frío y despiadado aislamiento, la dinámica cotidiana potenció una cálida red de trabajo, las soledades se acompañaron para conformar una mística particular, solidaria y solitaria, semejante a la cohesión que une a los exploradores de tierras inhóspitas.

Esta indómita condición humana, siempre en busca de establecer relaciones interpersonales, posibilitó la existencia de un grupo y los compromisos interinstitucionales que impulsaron el avance del proyecto.

Una vez que se traza un mapa con las vías que hay que recorrer y los caminos por construir, los viajeros no andan más a tientas, saben en qué punto se encuentran y cuánto falta para llegar al destino. En ocasiones, cuando los pasos recorridos son incipientes hay quienes pierden el ánimo y renuncian, pero aquellos que han dotado de sentido al viaje, entienden que la meta es el camino mismo. Fue en el andar atento donde Mexicana encontró el compromiso organizativo del que habla Lynch, y ahora conoce las áreas del proyecto que es preciso trabajar para fortalecer su capacidad de servicio, sumando grupos aliados y colaboradores. Por ello, este año se integraron nuevos miembros a la expedición que apuntalan la gestión de acervos, el desarrollo y diseño web, así como la comunicación de los contenidos que se generan, y al amparo de quienes forman parte de este proyecto, entretejen ideas y esfuerzos para alcanzar los objetivos inmediatos, sin perder de vista otro más grande; uno tan próximo que no resulta fácil de alcanzar: lograr que se manifieste la herencia que nos conforma.

Mira Mexicana hacia el porvenir, avanza hacia él, atisba amables planicies y paisajes abruptos. Mucho hay por hacer, México es tan rico en acervos como en formas de registrarlos y muy pocos se encuentran en línea. El mayor reto, empero, cabalga ya hacia adelante cambiando los celosos preceptos que atesoran la información bajo siete llaves hasta el fin de los tiempos, por esquemas generosos de acceso abierto. Mexicana entiende que la novedad caduca tan rápido como el asombro y conduce a sociedades superficiales, mientras que la memoria se nutre de los ayeres imperecederos que fundamentan la sabiduría humana. Por eso abraza la necesidad de abrir los patrimonios al mundo, porque eso fortalece la cultura de los pueblos, mientras que negarlos y restringir su libre tránsito condena a la manipulación, la intolerancia y la estulticia que ve en el otro un enemigo perene.

Sólo a través de la participación activa con el pasado, la identidad cultural se actualiza y alcanza a mirarse en el espejo del prójimo para relacionarse. Mexicana hoy comprende que su misión ulterior es tender puentes entre el pasado y el futuro, hilos conductores finos pero resistentes que alimenten las redes globales con el espíritu humano, e incentiven el intercambio de ideas para fundamentar la memoria del porvenir.

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